
Hay algo que siempre me llama la atención de IESE: el cuidado del detalle.
Si has estado en el campus de Barcelona o Madrid, lo entiendes rápido. El césped, el orden, la limpieza, las señales… esa sensación de “aquí todo está pensado”. Ojo, que como en cualquier casa, siempre hay cosas mejorables (en casa del herrero… ya sabéis). Pero el estándar es alto. Muy alto.
Y claro, eso te deja una pregunta rondando: ¿la experiencia digital está a la altura de esa experiencia presencial?
Hace unos años, lo digital podía ser “un complemento”. Hoy es parte central de la promesa. Lo digital también es bienvenida, claridad, confianza, soporte… y sí, también es tranquilidad cuando vas con prisa.
Mi reto —y el del equipo de Participant Digital Journey— es precisamente ese: poner lo digital al nivel del resto de la Experiencia IESE. Sin humo. Sin excusas. Y con bastante paciencia.
El próximo día os hablaré de myIESE, la plataforma que hoy es el epicentro de la experiencia digital del alumno y del participante: qué hemos aprendido, en qué creemos que hemos acertado… y en qué no tanto.
Mi objetivo no es “vender” nada, sino aprender de otras miradas e ir incorporando mejoras poco a poco. Porque al final, en digital, la excelencia casi nunca llega de golpe: llega iterando.
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